Tras las huellas de la historia...
Yo creo que en la vida no existen las casualidades, siempre hay un motivo y un porqué cuando nos suceden algunos acontecimientos.
Mientras escribía sobre la historia de Ccalamaki y de su ingreso a Huamanga, el reloj marcaba pocos minutos antes de la medianoche en esta parte del mundo, desde donde ahora escribo-Alemania. Estoy escribiendo sobre los Mártires de Uchuraccay y hoy; se cumplen 28 años de la masacre a los 08 periodistas.
Y una vez más me pregunto; qué fue lo que realmente pasó aquél 26 de enero de 1983? Hasta hoy no lo sabemos con exactitud, ahora se cuenta con nuevas pruebas. Son fotografías que uno de ellos, en los últimos minutos de su vida había logrado retratar, esos últimos momentos vividos en Uchuraccay.
Recuerdo el 26 de enero del 2002 y el interés noticioso se centraba en Ayacucho, se realizaría La Ruta de la Paz. Ocho periodistas ayacuchanos caminarían por la misma ruta que 19 años antes, habían tomado los periodistas asesinados. Era una forma de homenajear sus memorias y prometer que todos seguirían buscando la verdad.
Mi memoria se llena de recuerdos y emociones, sentimientos encontrados que pude vivir en carne propia en el 2002 y 2003, cuando caminé sobre la tierra en la que estos valientes hombres estuvieron por última vez.
Recuerdo el 26 de enero del 2002 y el interés noticioso se centraba en Ayacucho, se realizaría La Ruta de la Paz. Ocho periodistas ayacuchanos caminarían por la misma ruta que 19 años antes, habían tomado los periodistas asesinados. Era una forma de homenajear sus memorias y prometer que todos seguirían buscando la verdad.
Los jóvenes periodistas partieron desde Huamanga hacia Huanta, para después internarse en las montañas y quebradas que rodea el camino a Uchuraccay, después de aproximadamente 9 horas de caminata y cuando caía la tarde; llegaron a Uchuraccay, donde fueron recibidos entre aplausos y lágrimas de los familiares que creyeron ver en ellos a sus padres, hermanos, hijos y amigos asesinados.
La emoción embargaba a los asistentes, había llegado el momento de cerrar las viejas heridas que aún sangraban por el dolor que sentían y sufrían unos y otros.
Los familiares de los periodistas asesinados y el pueblo de Uchuraccay -que había sido hallado culpable por la muerte de los ocho periodistas- llevan la marca de la tragedia allí vivida; nunca podrán olvidar esta lamentable historia.
Son las contradicciones y pruebas que nos pone el destino, que parece jugar con nosotros al ponernos frente a frente. Los antiguos pobladores de Uchuraccay y únicos testigos de este sangriento hecho, también fueron asesinados. Porqué?.
Debemos darnos los abrazos del perdón; entre los familiares y la comunidad de Uchuraccay; dijo la representante de la Comisión de la Verdad.
Escuchar de los padres, hermanos, hijos y esposas de los periodistas muertos sobre sus días en vida, del significado que le habían dado a la noble profesión de ser periodistas y de la responsabilidad que tenían de informar con la verdad; es una experiencia que nunca he de olvidar.
Salimos del pueblo sin poder explicar las emociones que sentíamos, compartiendo el dolor de los presentes, mirando al horizonte que se perdía tras las quebradas y los cerros que rodean a Uchuraccay, deseando preguntarles con nuestro silencio y recriminarles con un nudo en la garganta, el haberse convertido en mudos testigos de aquella dolorosa historia.
La emoción embargaba a los asistentes, había llegado el momento de cerrar las viejas heridas que aún sangraban por el dolor que sentían y sufrían unos y otros.
Los familiares de los periodistas asesinados y el pueblo de Uchuraccay -que había sido hallado culpable por la muerte de los ocho periodistas- llevan la marca de la tragedia allí vivida; nunca podrán olvidar esta lamentable historia.
Son las contradicciones y pruebas que nos pone el destino, que parece jugar con nosotros al ponernos frente a frente. Los antiguos pobladores de Uchuraccay y únicos testigos de este sangriento hecho, también fueron asesinados. Porqué?.
Debemos darnos los abrazos del perdón; entre los familiares y la comunidad de Uchuraccay; dijo la representante de la Comisión de la Verdad.
Escuchar de los padres, hermanos, hijos y esposas de los periodistas muertos sobre sus días en vida, del significado que le habían dado a la noble profesión de ser periodistas y de la responsabilidad que tenían de informar con la verdad; es una experiencia que nunca he de olvidar.
El nuevo pueblo de Uchuraccay había sido cambiado, algunos kilómetros más arriba de su antigua ubicación. Allí tratan de construir una nueva ciudad, con una nueva historia para sus futuras generaciones.
Salimos del pueblo sin poder explicar las emociones que sentíamos, compartiendo el dolor de los presentes, mirando al horizonte que se perdía tras las quebradas y los cerros que rodean a Uchuraccay, deseando preguntarles con nuestro silencio y recriminarles con un nudo en la garganta, el haberse convertido en mudos testigos de aquella dolorosa historia.
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